El Instituto Español de Oceanografía (IEO, CSIC), a través de su Centro Oceanográfico de Málaga, ha desarrollado durante los meses de mayo y junio una serie de actividades divulgativas dirigidas a escolares de educación primaria en las playas de Fuengirola. Estas acciones se enmarcan en el proyecto ALMA, en colaboración con el Ayuntamiento de Fuengirola, y han contado con la participación de cerca de 1.000 alumnos y alumnas procedentes de distintos centros educativos del municipio.
Las actividades han tenido como objetivo informar sobre la ecología y conservación de la tortuga boba (Caretta caretta), una de las especies marinas más representativas del Mediterráneo. El taller central ha abordado el ciclo vital de esta especie, centrado especialmente en el mar de Alborán, donde coinciden ejemplares juveniles procedentes tanto del Atlántico como del Mediterráneo. Durante la actividad, se ha explicado la importancia de esta zona para su alimentación y desarrollo, así como las principales amenazas que enfrenta: pesca incidental, contaminación por plásticos y el aumento de la temperatura del agua vinculado al cambio climático.
Además del componente formativo, se ha incluido una dinámica lúdica en la que el alumnado ha simulado un operativo de protección de nidos. Los participantes, actuando como investigadores, debían identificar una puesta de huevos en riesgo y proceder a su hipotética reubicación a un entorno seguro, emulando los protocolos que actualmente se aplican en casos reales.
En los últimos años, el litoral andaluz ha registrado un incremento de anidamientos ocasionales de tortuga boba. Desde 2020 se han documentado nidos en Fuengirola, Marbella y Mojácar, lo que ha despertado el interés de la comunidad científica y ha reforzado la necesidad de sensibilizar a la ciudadanía sobre la presencia de esta especie en la costa española. Aunque tradicionalmente se ha considerado el mar de Alborán como un entorno poco propicio para la nidificación de Caretta caretta, los cambios observados en la temperatura del agua y otros factores oceanográficos podrían estar favoreciendo su presencia.
“Los talleres realizados en el marco del proyecto ALMA reflejan una estrategia integral de conservación: basada en ciencia, educación y cooperación. Preparar a la próxima generación para reconocer y proteger la tortuga boba es esencial para responder a los efectos del cambio climático, promover la biodiversidad y acompañar la adaptación natural de esta especie emblemática”, ha indicado José Carlos Báez, investigador principal del proyecto.
