La familia Vidiella, propietaria del puerto deportivo de Puerto Banús en Marbella, ha contratado los servicios de EY como asesor financiero para analizar la entrada de nuevos socios en la sociedad que gestiona la concesión para la explotación del recinto, uno de los puertos deportivos más reconocidos de Europa. La operación, que se encuentra en una fase inicial, contempla la incorporación de un socio financiero que aporte el capital necesario para acometer un plan de crecimiento que incluye la adjudicación y explotación de otras marinas bajo la marca Puerto Banús.
Según ha informado la propia entidad, la transacción combinaría la venta de un paquete de acciones con una ampliación de capital que dote al grupo de los recursos necesarios para afrontar la expansión y la ampliación de servicios. Es previsible que los actuales propietarios reinviertan en la operación para beneficiarse de la futura revalorización del activo, aunque la estructura definitiva no está cerrada todavía. El proceso se está desarrollando de forma confidencial entre un grupo reducido de inversores especializados en infraestructuras.
Puerto Banús opera a través de una concesión administrativa a 99 años que el Ministerio de Obras Públicas otorgó a José Banús en 1967 para la construcción y explotación del puerto. Con el traspaso de competencias a las comunidades autónomas, la titularidad pasó a la Junta de Andalucía, y el vencimiento de la concesión se extiende hasta 2066. La familia Vidiella tomó las riendas del negocio en 1983, cuando Alberto Vidiella Tudores adquirió la marina a su tío José Banús. Fue Vidiella, fallecido en 2016, quien transformó el recinto para que trascendiera más allá de la actividad náutica y deportiva y se convirtiera en un referente del turismo de lujo, el comercio premium y el ocio en la Costa del Sol. Actualmente, el accionariado de la compañía se reparte entre la tercera generación de la familia.
El grupo que gestiona Puerto Banús factura en torno a 20 millones de euros anuales a través de la explotación del recinto, que incluye amarres, actividad inmobiliaria, aparcamiento, hostelería, eventos y patrocinios, con un EBITDA que se sitúa alrededor de los 10 millones de euros.
La operación se enmarca en un contexto de creciente interés de los grandes fondos de inversión en infraestructuras por el sector de las marinas deportivas. Blackstone aplica una estrategia de consolidación en este segmento a través de Safe Harbor, mientras que CVC ha puesto en venta D-Marin, su operador de marinas, que previsiblemente continuará con una estrategia de crecimiento mediante adquisiciones bajo un nuevo propietario.
