La volatilidad se ha convertido en una constante para las cadenas de suministro. Desde las disrupciones climáticas y los ciberataques hasta la inestabilidad geopolítica y los cambios bruscos en la demanda, las organizaciones afrontan presiones crecientes que ponen a prueba su capacidad de respuesta. Frente a este escenario, un grupo reducido de empresas ha comenzado a tratar la resiliencia no como una medida reactiva, sino como un componente central de su estrategia de negocio.
Este enfoque ha sido analizado en la serie de estudios Course for Change, elaborada por FT Longitude en colaboración con Maersk, que examina las mejores prácticas en cinco sectores clave: automoción, gran consumo, estilo de vida, retail y tecnología. El informe pone el foco en factores como la gestión del talento, la adopción de herramientas digitales, la cultura organizacional y los modelos de colaboración que están permitiendo a estas compañías mantenerse operativas y competitivas, incluso en contextos altamente inestables.
La serie proporciona una visión detallada de cómo las empresas pueden reconfigurar sus cadenas de suministro para ganar capacidad de adaptación, anticipación y sostenibilidad a largo plazo.
