La evolución de las tormentas marinas en el entorno del estrecho de Gibraltar ya no responde a los mismos patrones que hace cuatro décadas. Así lo confirma un estudio científico internacional en el que participa la Universidad de Cádiz (UCA), que ha analizado el comportamiento de estos fenómenos entre 1985 y 2024 y ha detectado un aumento de su intensidad en el Atlántico, una mayor recurrencia de episodios extremos en el Mediterráneo y cambios significativos en la estacionalidad y la ciclicidad de los temporales.
El trabajo, publicado en la revista Estuarine, Coastal and Shelf Science bajo el título «Evolving storm regimes: Decadal trends and coastal risk at the Atlantic-Mediterranean boundary», ha sido desarrollado por un equipo multidisciplinar integrado por investigadores de la Universidad de Palermo (Italia) y de la UCA. Por parte de la institución gaditana participan Rosa Molina y Giorgio Anfuso, del departamento de Ciencias de la Tierra de la Facultad de Ciencias del Mar y Ambientales, con sede en el Campus de Puerto Real. Completan el equipo Pietro Scala, Giorgio Manno y Giuseppe Ciraolo, del departamento de Ingeniería de la Universidad de Palermo. La aportación de los investigadores de la UCA ha sido determinante para el análisis del litoral del sur peninsular, una zona especialmente compleja por la interacción entre las dinámicas oceánicas atlántica y mediterránea.
La investigación ha utilizado datos de reanálisis de oleaje de alta resolución temporal (registro horario) procedentes del servicio europeo Copernicus (CMEMS), con una resolución espacial de aproximadamente cuatro kilómetros. El análisis se ha centrado en ocho puntos costeros situados a ambos lados del estrecho de Gibraltar: cuatro en el Atlántico, distribuidos entre Huelva y la costa atlántica de Marruecos al sur de Tánger, y cuatro en el Mediterráneo, entre Málaga y la costa mediterránea marroquí al este de Tánger. El área de estudio abarca un tramo costero atlántico de unos 355 kilómetros y un tramo mediterráneo de unos 230 kilómetros, lo que cubre buena parte de la provincia de Cádiz y sectores de las de Huelva y Málaga, además del litoral septentrional de Marruecos.
Para identificar y clasificar las tormentas, los investigadores han aplicado el método estadístico conocido como Peak Over Threshold (pico sobre umbral), estableciendo umbrales específicos de altura de ola significante para cada punto. Las tormentas detectadas se han clasificado en cinco categorías de intensidad —desde débil hasta extrema— mediante técnicas de agrupamiento estadístico (k-means clustering) aplicadas a la energía acumulada de cada episodio. Además, se han analizado las direcciones de procedencia, los periodos de retorno, las tendencias temporales y los patrones cíclicos mediante transformadas de Fourier y simulaciones de Monte Carlo.
Los resultados describen un comportamiento marcadamente diferenciado entre ambas cuencas. En el sector atlántico, los umbrales de altura de ola significante oscilan entre los 1,99 metros en el punto más septentrional (frente a Huelva) y los 3,06 metros en la costa atlántica marroquí, y las tormentas son más energéticas pero menos frecuentes. Las direcciones de procedencia dominantes se sitúan en el cuadrante oeste-suroeste, en consonancia con la exposición directa a los sistemas extratropicales del Atlántico Norte. La energía media de las tormentas alcanza su valor máximo en el punto más meridional del sector atlántico (695,42 m²/h), lo que refleja la exposición a oleajes oceánicos de largo recorrido (fetch).
En el Mediterráneo, los umbrales son más bajos (entre 1,58 y 1,97 metros), las tormentas resultan más frecuentes —hasta 490 episodios registrados en el punto más oriental, frente a Málaga— pero menos intensas, y su procedencia queda confinada en un corredor estrecho del sector este, gobernado por la ciclogénesis local y los vientos persistentes de levante. La energía media por tormenta es sensiblemente inferior a la del Atlántico, con un máximo local en el punto más próximo al Estrecho por su vertiente mediterránea (397,38 m²/h), donde confluyen los efectos del confinamiento y las perturbaciones de origen atlántico.
El estrecho de Gibraltar actúa, según los autores, no solo como una frontera geográfica entre ambas cuencas, sino como una interfaz dinámica y semipermeable que modula las propiedades del oleaje y facilita el intercambio energético entre el Atlántico y el Mediterráneo. Los puntos situados en el propio Estrecho están expuestos a un clima de oleaje bimodal: reciben tanto los oleajes de largo periodo procedentes del Atlántico como los mares de viento generados por los temporales de levante del Mediterráneo. Esta doble exposición genera estados de mar complejos y multidireccionales que confieren al Estrecho una firma estadística propia, con características híbridas de ambos regímenes.
Más allá de esta diferencia estructural, el estudio pone de manifiesto una transformación progresiva del régimen de tormentas a lo largo de las cuatro décadas analizadas. En el Atlántico se observa un incremento de la energía de los temporales, especialmente en las zonas más expuestas del golfo de Cádiz y la costa marroquí, así como la recurrencia de años excepcionalmente tormentosos —1989, 1996, 2010 y 2020— con periodos de retorno de entre 6,8 y 10,2 años para los eventos más extremos. En el Mediterráneo, pese a registrar valores máximos de energía inferiores, la frecuencia con que se superan los umbrales de actividad excepcional es mayor, con periodos de retorno de apenas 2,1 a 2,9 años para el número de eventos, lo que dibuja un régimen más dinámico y persistente.
Uno de los hallazgos más relevantes del trabajo es el desplazamiento estacional de los picos de actividad tormentosa. El análisis de tendencias revela que los temporales severos y extremos se están produciendo progresivamente más tarde en el año, desplazándose desde principios del invierno (diciembre-enero) hacia finales del invierno e incluso comienzos de la primavera (febrero-marzo). Esta tendencia es especialmente acusada en la costa atlántica meridional y en el sector mediterráneo más próximo a Málaga, con tasas de desplazamiento de hasta 0,05 meses por año en la frecuencia de los picos, lo que equivale a un avance acumulado de entre uno y dos meses a lo largo del periodo de estudio. Este desplazamiento fenológico amplía la ventana temporal de riesgo para las comunidades costeras y las operaciones marítimas. Los propios investigadores documentan esta tendencia con evidencia fotográfica de temporales fuera de temporada registrados en las playas de Cádiz: en mayo de 2008 en la playa de La Victoria, en julio de 2012 en Santa María del Mar y en junio de 2016 de nuevo en La Victoria, con episodios de oleaje energético, run-up severo y procesos de rebase que alcanzaron las infraestructuras viarias situadas tras la playa.
El análisis espectral mediante transformadas de Fourier y simulaciones de Monte Carlo revela además la aparición de nuevos patrones cíclicos interanuales. En el Atlántico, a partir de 2004, se han establecido ciclos de entre tres y cinco años estadísticamente significativos en la recurrencia de tormentas, frente a los ciclos más largos (de unos cinco años) observados en el periodo anterior. Los autores atribuyen esta nueva ciclicidad a una creciente modulación del clima de oleaje regional por parte de grandes patrones de teleconexión atmosférica, como la Oscilación del Atlántico Norte (NAO) y la Oscilación del Sur–El Niño (ENSO). En el Mediterráneo, la respuesta espectral es más débil y fragmentada, con una transición desde ciclos de entre ocho y diez años en el primer periodo hacia ciclos de cinco a siete años en el más reciente, lo que refleja la mayor influencia de factores atmosféricos locales frente a las grandes dinámicas hemisféricas.
Otro aspecto que subraya el estudio es la permeabilidad del estrecho de Gibraltar a los eventos de dirección anómala. En el Atlántico se han registrado 74 tormentas procedentes del sector este (dirección atípica) entre 1985 y 2002, y un número similar (71) a partir de 2003, pero con un aumento significativo de su intensidad en el periodo más reciente, incluyendo tres tormentas extremas y cinco severas. En el Mediterráneo, las tormentas procedentes del Atlántico son menos frecuentes pero también han ganado intensidad desde 2003. Estos hallazgos evidencian el riesgo de subestimar los impactos costeros procedentes de direcciones no predominantes pero potencialmente muy energéticas.
Las implicaciones del estudio son directas para la gestión del litoral y las estrategias de adaptación frente al cambio climático. Los cambios documentados en la intensidad, la frecuencia, la estacionalidad y la direccionalidad de las tormentas obligan a reconsiderar las evaluaciones de riesgo costero existentes, que en muchos casos parten de la asunción de un clima estacionario. El estrecho de Gibraltar y su entorno, uno de los corredores marítimos más sensibles de Europa desde el punto de vista ecológico y socioeconómico, se enfrenta a un escenario de creciente variabilidad que exige incorporar este tipo de conocimiento científico a la planificación territorial y a la protección de las infraestructuras situadas en primera línea de costa.
