Estados Unidos y China han alcanzado este miércoles un acuerdo preliminar sobre los términos de implementación del pacto comercial firmado en Ginebra el pasado mes de mayo, según han confirmado representantes de ambas delegaciones desde Londres, donde se ha celebrado una nueva ronda de negociaciones. El encuentro, que ha durado dos días y se ha desarrollado en la histórica Lancaster House, ha permitido a ambos gobiernos definir un marco que, de ser aprobado por sus respectivos líderes, sentaría las bases para normalizar parcialmente sus relaciones económicas.
“Hemos alcanzado un marco para aplicar el consenso de Ginebra”, ha declarado el secretario de Comercio de Estados Unidos, Howard Lutnick, en una rueda de prensa tras las conversaciones. En paralelo, el viceministro chino de Comercio, Li Chenggang, ha señalado que el principio de acuerdo establece las condiciones necesarias para “poner en marcha el consenso pactado entre los líderes”.
El diálogo en Londres se ha producido menos de una semana después de una conversación telefónica de 90 minutos entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y su homólogo chino, Xi Jinping, en la que ambos mandatarios acordaron reducir las tensiones crecientes entre ambas economías, acentuadas por los cruces de aranceles, las restricciones tecnológicas y los flujos comerciales cada vez más debilitados.
Trump, sin embargo, ha ofrecido una interpretación propia del acuerdo. En una publicación en su red social Truth, ha asegurado que el nuevo marco supondrá aranceles del 55% para los productos chinos que ingresan en Estados Unidos, frente a un 10% para las exportaciones estadounidenses hacia China. Estas cifras no coinciden con los términos pactados en Ginebra ni con lo negociado en Londres, y parecen responder a una suma arbitraria de medidas anteriores, incluidos aranceles ya existentes y gravámenes específicos relacionados con el tráfico de fentanilo o restricciones tecnológicas. “Nuestro acuerdo con China está cerrado, sujeto a la aprobación final del presidente Xi y mía”, ha escrito Trump, añadiendo que China adelantará el suministro de tierras raras y Estados Unidos mantendrá la admisión de estudiantes chinos en sus universidades.
Los detalles del marco alcanzado en Londres no se han hecho públicos en su totalidad, pero los negociadores estadounidenses han reiterado su intención de que se respeten los niveles arancelarios pactados en Ginebra, que reducían significativamente las cargas impositivas mutuas. En ese acuerdo, Washington se comprometió a reducir del 145% al 30% sus restricciones comerciales sobre productos chinos, mientras que Pekín haría lo propio, bajando del 125% al 10% las aplicadas a importaciones estadounidenses.
Frente al anuncio de Trump, diferentes organismos han ofrecido cifras más moderadas. La agencia Fitch ha estimado que el arancel medio a las importaciones chinas en 2024 se situaba en el 10,7%. Tras la aplicación parcial del acuerdo de Ginebra, el nivel medio se habría elevado hasta el 31,8%. El Budget Lab de la Universidad de Yale, por su parte, ha cifrado el tipo efectivo en el 27,2%, muy por debajo del 55% mencionado por el presidente estadounidense.
Uno de los elementos centrales del nuevo entendimiento gira en torno al comercio de tierras raras e imanes, materiales considerados estratégicos por Estados Unidos y cuya exportación había sido restringida por China en los últimos meses. El compromiso alcanzado contempla que Pekín retome su suministro, lo que permitiría a Washington retirar varias de las medidas punitivas impuestas en respuesta. “Cabe esperar que esas medidas se retiren de forma equilibrada”, ha afirmado Lutnick, en referencia a las restricciones aplicadas cuando el flujo de minerales se interrumpió.
Aunque la declaración conjunta firmada en Ginebra no hacía referencia explícita a los minerales críticos, sí incluía una cláusula por la cual China se comprometía a eliminar progresivamente todas las contramedidas no arancelarias impuestas desde abril de 2024, entre ellas las relativas a los minerales. Según fuentes estadounidenses, estas medidas aún no han sido retiradas en su totalidad.
A raíz del acuerdo inicial en mayo, Estados Unidos ha endurecido algunas de sus políticas comerciales con China, especialmente en el ámbito tecnológico, con nuevas restricciones a la exportación de microprocesadores y componentes sensibles. Estas acciones han sido denunciadas por Pekín, que espera que la revisión del pacto permita revertirlas. Además, Washington ha planteado medidas restrictivas en el ámbito educativo, como la cancelación masiva de visados a estudiantes chinos, aunque todavía no se ha confirmado su aplicación.
El resultado de las conversaciones será ahora remitido a los presidentes de ambos países, quienes deberán validarlo para proceder a su implementación. “Una vez que los presidentes lo aprueben, procederemos a su aplicación”, ha explicado el secretario de Comercio de Estados Unidos. La delegación china ha confirmado que, tras casi veinte horas de diálogo, ambas partes han acordado presentar la propuesta a sus respectivos jefes de Estado.
La intensificación del conflicto comercial ha tenido efectos directos sobre los flujos de intercambio. En abril, el déficit de bienes de Estados Unidos con China se situó en 17.185 millones de dólares, con exportaciones por valor de 8.193 millones e importaciones chinas que alcanzaron los 25.378 millones. Estas cifras reflejan uno de los niveles más bajos de intercambio bilateral de la última década, comparable solo con los registrados durante los meses más críticos de la pandemia de 2020.
Según datos publicados esta semana por la Oficina de Aduanas china, la tendencia se ha mantenido en mayo. Las exportaciones del gigante asiático hacia Estados Unidos han caído un 31,5% interanual, tras un descenso del 21% en abril. En sentido inverso, las importaciones de productos estadounidenses en China se han contraído un 18,1% en mayo, tras una caída del 13,8% en abril. Estos retrocesos confirman el deterioro de las relaciones comerciales entre ambas potencias y refuerzan la urgencia de avanzar en la implementación de un acuerdo que permita restablecer parte de la normalidad perdida.

