lunes, 2 de marzo de 2026
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Un estudio de la Universidad de Cádiz vincula las lluvias intensas con el arrastre de plásticos agrícolas al medio marino

Un estudio de la Universidad de Cádiz destaca que las lluvias intensas facilitan el arrastre de plásticos agrícolas hacia el mar, impactando ecosistemas marinos a más de 100 kilómetros de distancia.

Redacción··Sostenibilidad·3 minImprimir
Un estudio de la Universidad de Cádiz vincula las lluvias intensas con el arrastre de plásticos agrícolas al medio marino

Un estudio dirigido por la Universidad de Cádiz ha revelado que los residuos plásticos procedentes de la agricultura pueden alcanzar el mar desde tierra firme tras episodios de precipitaciones intensas, recorriendo distancias superiores a los 100 kilómetros y depositándose incluso en el fondo marino. La investigación, liderada por Carmen Morales-Caselles, del área de Ecología y adscrita al Instituto de Investigación Marina (INMAR), ha puesto el foco en una fuente de contaminación plástica hasta ahora poco considerada: los plásticos agrícolas acumulados en cauces fluviales secos, conocidos como ramblas.

La agricultura mundial consume actualmente alrededor de 12,5 millones de toneladas métricas de plásticos al año, principalmente en forma de films, mallas y sistemas de riego. Esta cifra, según previsiones recogidas en el estudio, podría incrementarse en un 50 % para 2030. El trabajo ha demostrado que estos materiales no permanecen confinados en los campos de cultivo, sino que se acumulan en las ramblas durante los periodos secos, convirtiéndose en reservorios temporales de residuos. Con la llegada de lluvias torrenciales, estos cauces pueden arrastrar grandes cantidades de plásticos hasta el mar, contribuyendo a la contaminación de ecosistemas costeros y marinos profundos.

El estudio se ha desarrollado en el entorno del Mediterráneo occidental e incluye una combinación de muestreos terrestres y marinos, realizados con la colaboración de pescadores artesanales. Los datos obtenidos indican que el 54 % de los residuos plásticos localizados en ramblas son de origen agrícola. Además, en zonas marinas próximas a áreas agrícolas, se ha observado que hasta un 20 % de los residuos presentes en el fondo marino corresponden a productos plásticos utilizados en labores agrarias.

Este trabajo, publicado en la revista científica iScience, introduce una nueva perspectiva sobre el impacto de la actividad agrícola en la contaminación marina, ya que los residuos de este sector no suelen figurar entre las principales fuentes consideradas en los estudios internacionales. A juicio del equipo investigador, esta omisión limita la eficacia de las estrategias de prevención y gestión a nivel global. En este contexto, los autores han señalado la necesidad de incluir este tipo de emisiones en tratados internacionales en desarrollo, como el futuro Tratado Global de Plásticos de Naciones Unidas.

La investigación ha contado también con la participación de Josué Viejo y Andrés Cózar, ambos pertenecientes al grupo RNM-214: Estructura y Dinámica de Ecosistemas Acuáticos de la UCA, así como de Enrique Montero, representante de la asociación Proyecto ECOPUERTOS. El equipo propone medidas orientadas a la reducción del uso de polímeros no esenciales, la sustitución de materiales por alternativas más sostenibles y la implantación de sistemas de responsabilidad compartida entre productores y usuarios de plásticos agrícolas.

Carmen Morales-Caselles, autora principal del estudio, lleva años dedicada a la investigación del destino y comportamiento de micro y macroplásticos en el océano global. Su trayectoria incluye colaboraciones con entidades como la Comisión Oceanográfica Intergubernamental de la UNESCO y se ha centrado en la evaluación de los mecanismos de dispersión de residuos plásticos a escala global.

Este nuevo trabajo refuerza la idea de que la contaminación plástica marina no responde únicamente a actividades como la pesca o el consumo doméstico. La actividad agrícola, especialmente en regiones con cauces intermitentes y alta dependencia de plásticos, constituye una fuente relevante que, según el estudio, debería ser considerada con mayor atención en las políticas ambientales nacionales e internacionales. La inclusión de esta realidad en los marcos regulatorios contribuiría a un diagnóstico más preciso del problema y a la aplicación de soluciones más eficaces en origen.

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