El Proyecto LIBERA, impulsado por SEO/BirdLife en alianza con Ecoembes, ha publicado nuevos datos que revelan el alcance del problema de la basuraleza en los ecosistemas marinos. A través del análisis de los residuos caracterizados mediante las herramientas de ciencia ciudadana eLitter y MARNOBA —desarrolladas por Paisaje Limpio y Vertidos Cero con la colaboración de LIBERA— se ha determinado que el 80% de los residuos encontrados en playas y mares tienen su origen en el entorno terrestre.
Este dato, basado en la información recogida entre los veranos de 2020 y 2024, subraya la necesidad de intervenir en las fases iniciales del abandono de residuos para evitar que acaben contaminando el ecosistema marino. El recorrido de estos materiales, según indica el proyecto, comienza habitualmente en zonas urbanas o espacios naturales del interior. Desde allí, el viento, las lluvias o las infraestructuras de drenaje pueden arrastrarlos hasta ríos, ramblas o barrancos, que los conducen al mar.
Durante este trayecto, los residuos —principalmente plásticos— sufren un proceso de fragmentación por efecto de la fricción, el sol o los impactos con elementos naturales, lo que contribuye a la proliferación de microplásticos. Este fenómeno explica la diferencia entre los residuos detectados en interior, donde predominan los objetos de mayor tamaño, y los del litoral, más degradados y de origen variado, incluyendo restos vinculados a la actividad agrícola o marítima.
El análisis de los residuos más frecuentes ha confirmado una tendencia constante. Las colillas, con un total de 94.214 unidades registradas, y los fragmentos de plástico y envases (48.526) son los residuos más encontrados tanto en zonas costeras como en el interior. Su presencia destaca especialmente durante los meses de verano, coincidiendo con el aumento de la actividad humana en entornos naturales.
Uno de los ejes abordados por el Proyecto LIBERA es la percepción ciudadana sobre las herramientas de control y prevención. Según el último estudio sociológico realizado en 2024, solo el 29% de la población conoce la existencia de sanciones por el abandono de residuos en la naturaleza. El desconocimiento es especialmente elevado entre los jóvenes de entre 16 y 24 años, donde la cifra desciende al 5,6%. De quienes sí están al tanto de las sanciones, la mayoría (72%) identifica las multas económicas como la principal medida aplicada.
Pese al bajo nivel de conocimiento, el respaldo a las sanciones es ampliamente mayoritario. El 77% de los encuestados apoya la aplicación de multas como herramienta fundamental para combatir la basuraleza, seguido por iniciativas de limpieza en el entorno natural y actividades comunitarias de concienciación.
En este contexto, la Ley 7/2022, de residuos y suelos contaminados para una economía circular, establece un régimen sancionador diferenciado según la gravedad de la infracción. Las infracciones leves pueden acarrear multas de hasta 2.000 euros, mientras que las graves ascienden hasta los 100.000 euros (en el caso de residuos no peligrosos) o 600.000 euros (si se trata de residuos peligrosos). Las infracciones muy graves pueden alcanzar los 3.500.000 euros. Esta normativa tiene como finalidad prevenir el abandono de residuos y proteger de forma efectiva los entornos naturales.

