Lisboa ha sido el escenario esta semana de un acontecimiento de alcance internacional que reúne por primera vez de forma estructurada al sindicalismo marítimo global para hacer frente a uno de los mayores retos que afronta el sector portuario en la actualidad: el avance de la automatización sin consensos laborales. La conferencia internacional “People Over Profits: Anti-Automation”, celebrada durante los días 5 y 6 de noviembre en el Pavilhão Carlos Lopes, ha culminado con la adopción del denominado Documento de Lisboa, un texto que recoge una hoja de ruta común ante los procesos tecnológicos que están transformando la actividad en los puertos y que impactan directamente sobre el empleo, los derechos laborales y la cohesión de las comunidades portuarias.
El evento, convocado conjuntamente por el Consejo Internacional de Estibadores (IDC) y la International Longshoremen’s Association (ILA), ha contado con la presencia de cientos de delegados procedentes de más de 60 países, junto a expertos en economía portuaria, logística, relaciones laborales y sostenibilidad. En un ambiente de unidad sindical sin precedentes, los participantes coincidieron en la necesidad urgente de construir una respuesta internacional coordinada ante un fenómeno que, según se expuso, amenaza con redefinir profundamente las relaciones laborales en el sector marítimo-portuario.
Durante las sesiones se abordaron las distintas formas en que la automatización ha comenzado a aplicarse en terminales portuarias de América, Europa, África y Asia, con resultados dispares en términos de eficiencia operativa, pero con efectos claramente negativos en términos de empleo directo y calidad del trabajo. Frente a este escenario, los sindicatos presentes en Lisboa han acordado poner en marcha una Alianza Marítima Global, concebida como una estructura permanente de coordinación internacional que permitirá actuar de forma unificada ante cualquier intento de automatización que no cuente con diálogo previo y garantías laborales para los trabajadores afectados.
La apertura del encuentro estuvo marcada por las declaraciones del presidente de la ILA, Harold J. Daggett, quien alertó sobre el avance de modelos automatizados que, a su juicio, están concebidos para reducir la presencia humana en los puertos con el único objetivo de mejorar los márgenes económicos de las empresas operadoras. Advirtió que, en ausencia de un enfoque centrado en las personas, la automatización se convierte en una “forma de despojo” que pone en riesgo la supervivencia del trabajo portuario tradicional. En ese sentido, propuso la creación de una respuesta global que incluya medidas colectivas y coordinadas, incluida la posibilidad de acciones sindicales conjuntas si se produce la automatización de una terminal sin consentimiento ni negociación previa.
Desde el Consejo Internacional de Estibadores, su coordinador general y vicepresidente ejecutivo de la ILA, Dennis A. Daggett, expresó que los procesos de automatización no deben ser presentados como inevitables ni neutros, ya que en muchos casos responden a decisiones unilaterales de los operadores logísticos sin tener en cuenta las consecuencias laborales y sociales. Recordó que el avance tecnológico en los puertos ha sido históricamente utilizado para externalizar funciones, recortar plantillas y limitar la capacidad negociadora de los trabajadores, sin que ello haya demostrado mejoras significativas en la eficiencia operativa en todos los casos.
En su intervención, elogió de forma especial la lucha mantenida por el sindicato portugués SEAL, protagonista de un conflicto prolongado en defensa de las condiciones laborales en los puertos lusos, y cuyo ejemplo fue calificado como una muestra de resistencia sindical activa y sostenida. También evocó el papel de la solidaridad internacional entre sindicatos, al recordar que el apoyo de SEAL fue fundamental durante las negociaciones del convenio marco de 2012 en Estados Unidos.
El segundo día del encuentro tuvo como eje central la presentación del Documento de Lisboa, que recoge la posición común del sindicalismo marítimo global frente a la automatización. Jordi Aragunde, coordinador laboral internacional del IDC, fue el encargado de exponer los fundamentos del texto, que establece principios y compromisos de acción sindical a nivel global. Según explicó, este acuerdo marca un cambio de etapa para el sindicalismo portuario, que deja atrás la dispersión de respuestas locales ante cada conflicto tecnológico, para articularse como una red global con capacidad de interlocución, movilización y vigilancia.
Aragunde explicó que la estrategia empresarial de automatizar los puertos se ha desarrollado en muchos casos sin una evaluación seria del impacto sobre el empleo ni mecanismos de acompañamiento social. Por ello, defendió que el sindicalismo no puede limitarse a reaccionar de forma aislada, sino que debe anticiparse y construir mecanismos colectivos de defensa ante procesos que pueden afectar simultáneamente a trabajadores en distintos continentes. Insistió en que cualquier avance tecnológico debe tener como premisa la negociación colectiva y el respeto a los derechos sociales consolidados.
El encuentro también incluyó la participación de expertos académicos que aportaron análisis técnicos sobre las consecuencias de la automatización. El Dr. Sergi Saurí Marchán, director del CENIT–UPC, presentó una evaluación del impacto que tienen las tecnologías automatizadas en la productividad portuaria y en el empleo, concluyendo que los beneficios operativos deben analizarse en paralelo con las consecuencias laborales y territoriales. Por su parte, el Dr. Fernando González Laxe, catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de A Coruña y expresidente de Puertos del Estado, advirtió sobre los riesgos de la concentración empresarial en el transporte marítimo y la subordinación de la función pública portuaria a intereses estrictamente comerciales.
El Dr. Greig Taylor, académico de la Universidad de Wollongong (Australia), abordó los modelos de relaciones laborales en entornos automatizados, destacando que la participación sindical es un elemento necesario para que la transformación tecnológica no derive en precariedad ni en desregulación de derechos laborales. Subrayó que la implementación de tecnología sin diálogo social tiende a debilitar las condiciones de trabajo y a ampliar las brechas de poder entre trabajadores y empleadores.
Además de las ponencias técnicas, la cumbre incluyó un panel con representantes sindicales de Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, Chile, Italia, Angola y Reino Unido, moderado por el dirigente portugués Sergio Sousa (SEAL). En este espacio se compartieron experiencias nacionales vinculadas a conflictos laborales por automatización, así como las estrategias desarrolladas por cada organización para hacer frente a los cambios en sus respectivos contextos. Las intervenciones coincidieron en señalar que la presión sobre el empleo portuario es un fenómeno global, que debe ser abordado con respuestas articuladas a la misma escala.
El Documento de Lisboa, firmado el 6 de noviembre por los representantes del IDC, la ILA y las organizaciones presentes, establece un compromiso común para rechazar cualquier proceso de automatización que implique destrucción de empleo o vulneración de derechos adquiridos. Reafirma la negociación colectiva como el principal instrumento de regulación de los cambios tecnológicos y promueve la creación de una red sindical internacional estable, capaz de intervenir con rapidez y eficacia ante cualquier intento de automatización sin garantías.
El texto establece también la celebración periódica del “People Over Profits: Anti-Automation Summit” cada cuatro años, con el objetivo de evaluar avances, revisar estrategias y actualizar el marco de cooperación internacional. Tanto el IDC como la ILA han manifestado que el objetivo de esta alianza no es bloquear el progreso tecnológico, sino garantizar que su desarrollo tenga una dimensión humana y sostenible, con respeto por los profesionales que sostienen la actividad portuaria a diario.
En palabras de Aragunde, el sindicalismo no se opone al cambio, pero sí a la imposición unilateral. “El futuro de los puertos debe construirse con quienes trabajan en ellos, y no a sus espaldas”, concluyó durante la clausura del encuentro.

