lunes, 2 de marzo de 2026
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Las IV Jornadas de Biodiversidad de la Fundación Moeve ponen la restauración de humedales en el centro del debate

La Fundación Moeve llevó a cabo en San Roque la cuarta edición de sus Jornadas de Biodiversidad, donde se destacó la importancia de los humedales para la biodiversidad y el medio ambiente.

Redacción··Empresas·12 minImprimir
Las IV Jornadas de Biodiversidad de la Fundación Moeve ponen la restauración de humedales en el centro del debate

La Fundación Moeve ha celebrado este jueves en San Roque la cuarta edición de sus Jornadas de Biodiversidad, un foro que ha reunido a administración, universidades, entidades conservacionistas y sector privado con un objetivo concreto: mirar a los humedales del sur peninsular como piezas esenciales para la biodiversidad y la regulación ambiental. La sesión principal se desarrolló en el Edificio Alcalde Palma e incluyó la apertura de la exposición fotográfica “Marismas del Odiel. Un paraje por descubrir”, por el 40º aniversario de este espacio natural onubense.

Fundación Moeve, que en los últimos años ha centrado esfuerzos en humedales de Huelva y el Campo de Gibraltar junto a acciones de reforestación y educación ambiental, tiene la intención de mantener un programa estable de foros y proyectos que sigan conectando conocimiento académico, experiencia de gestores y participación ciudadana.

Estrella Blanco, responsable de Fundación Moeve en el Campo de Gibraltar, señaló que la respuesta fue “muy positiva”, con duplicación del aforo previsto de 50 a 100 asistentes y una participación diversa. Agradeció la colaboración de ponentes, técnicos y administraciones, y situó la biodiversidad como un eje estratégico de la Fundación, con tres líneas de trabajo complementarias: recuperación de humedales, reforestación en entornos degradados y sensibilización a través de programas educativos y divulgativos.

En el Campo de Gibraltar, esa estrategia se traduce en proyectos en la Estación Ambiental de Madrevieja y en la Laguna Huerta de las Pilas, en coordinación con ayuntamientos como el de San Roque, Algeciras y La Línea. En Huelva, la fundación mantiene actuaciones en la Laguna Primera de Palos y en las Marismas del Odiel. El objetivo común: devolver funcionalidad a las láminas de agua, ganar conectividad ecológica y facilitar que especies de interés —como espátula, cerceta pardilla o galápago europeo— cuenten con hábitats adecuados en todos sus ciclos.

La bienvenida institucional corrió a cargo de la teniente de alcalde de San Roque, María Collado, y de la directora de la Fundación Moeve, Teresa Mañueco. Collado situó al municipio en la intersección entre ecosistemas marinos y terrestres y defendió un enfoque que conjugue actividad económica y conservación. Puso como ejemplo la Estación Ambiental de Madrevieja —un humedal restaurado en un entorno industrial— y aludió al contexto energético que vive la comarca: el Valle Andaluz del Hidrógeno Verde y la planta de amoníaco verde prevista en San Roque, cuyo calendario contempla el inicio de la primera fase en noviembre de 2026 y una operación parcial en 2030. Según detalló, se proyecta una capacidad de 2.400 toneladas diarias (unas 600.000 al año), electrólisis de 1.000 MW y uso de aguas regeneradas, con la necesidad de reactivar las obras de la EDAR San Roque–Los Barrios para asegurar el abastecimiento. También remarcó el Plan de Mejora de la Calidad del Aire de la bahía de Algeciras y la obligación de que las grandes industrias se alineen con objetivos de descarbonización.

Mañueco subrayó que la fundación orienta su trabajo al cuidado de humedales en el Campo de Gibraltar y Huelva, y a crear espacios de cooperación entre ayuntamientos, empresas, ONG y universidades. “El reto requiere continuidad y proyectos con vocación de permanencia”, señaló, situando estas jornadas como un lugar para compartir experiencias y construir nuevas líneas de colaboración.

Restaurar con mirada de ecosistema

La ponencia de apertura, a cargo del geógrafo e investigador de la Universidad de Cádiz (UCA) Gonzalo Muñoz, propuso desplazar el foco desde las especies emblemáticas hacia la integridad de los ecosistemas. El llamado “enfoque ecosistémico” —explicó— parte de mantener funciones y estructura de los hábitats, incorporando al ser humano como parte del sistema, y de cuantificar los servicios que estos prestan: laminación de avenidas, retención de sedimentos, depuración natural, secuestro de carbono azul y soporte a cadenas tróficas.

Muñoz ilustró este marco con el caso de las marismas de Cetina, en la Bahía de Cádiz. Mostró imágenes históricas de una marisma mareal en los años cincuenta, la transformación posterior con diques perimetrales para desecación agrícola y un punto de inflexión en 2004, cuando una apertura del muro permitió la entrada de mareas y una recuperación espontánea de parte de la dinámica mareal. En paralelo, se construyeron y explotaron salinas industriales (una en 1997 y una segunda a partir de 2016), lo que dio pie a un debate académico y social sobre qué alternativa ofrece mayores beneficios ambientales: restaurar la marisma a su funcionamiento original o gestionar una salina moderna con criterios ambientales.

A partir de bibliografía y trabajos propios, su equipo comparó “servicios ecosistémicos” en varios escenarios. La hipótesis clásica —más servicio en marismas naturales que en salinas— se cumplía en buena parte, pero no en todos los casos. Una medición directa del carbono orgánico enterrado en esteros y cristalizadores mostró que determinadas balsas salineras pueden captar y almacenar carbono en tasas comparables, e incluso superiores, a las marismas mareales próximas. “No se sabía con certeza; medimos testigos de fango de un metro y los resultados respaldan que gestionar salinas con criterios ambientales puede aportar también carbono azul”, expuso.

El investigador añadió un matiz importante: la abundancia de aves no equivale necesariamente a éxito reproductor. En Cetina, el chorlitejo patinegro se ha asentado en muros y cristalizadores, pero el seguimiento reproductor y el marcaje con anillas y emisores han detectado que los pollos que crecen en balsas con salinidades extremas (240–260 g/l frente a los 35–40 g/l del agua de mar) tienen peores tasas de crecimiento y condición corporal, probablemente por estrés osmótico, ya que sus glándulas de excreción de sal no están plenamente desarrolladas en los primeros días. La conclusión operativa es de gestión: si las salinas se mantienen, deben modularse láminas de agua y salinidades durante el periodo de cría para equilibrar producción y conservación.

De Huelva al Campo de Gibraltar: proyectos con especies y hábitats

La mesa redonda moderada por la periodista María Jesús Corrales reunió a tres perfiles que trabajan con los humedales desde frentes distintos: un gestor de un gran paraje costero, un técnico de restauración en un enclave periurbano y una investigadora especializada en limícolas de litoral.

Fidel Astudillo, director conservador del Paraje Natural Marismas del Odiel (Huelva), detalló actuaciones con dos aves señera en el espacio: el águila pescadora (Pandion haliaetus) y la espátula (Platalea leucorodia). En pescadora, explicó que la reintroducción iniciada hace dos décadas ha derivado en una población reproductora estable. En 2024 se han confirmado 10 parejas y 21 pollos. La gestión combina la instalación de torres-nido y posaderos, anillamiento con PVC de lectura a distancia, cámaras trampa, vigilancia de usos en periodos críticos y pequeños ajustes año a año según la ocupación de estructuras.

El entorno plantea además condicionantes: molestias en caños utilizados por embarcaciones, presión recreativa en temporada alta o depredación por búho real y águila perdicera en zonas interiores. Por eso, más allá de las estructuras de nidificación, las decisiones sobre accesos, cartelería y refuerzo de vigilancia en momentos clave son parte sustancial del éxito de cada temporada.

En espátula, especie ligada a la identidad del paraje desde los años 80, Astudillo describió el desplazamiento de la gran colonia hacia la Isla de la Liebre —balsa de una salina— a medida que subió la lámina de agua en la isla del Medio. Allí conviven espátulas, flamencos (este año con una colonia por encima de las 14.000 parejas), ardeidas y gaviotas patiamarillas. En ese equilibrio, la coordinación con la salina para estabilizar niveles en época de cría es crítica. Vuelos mensuales, uso de drones y anillamientos permiten monitorizar puestas y supervivencia con detalle.

Astudillo añadió un proyecto de bajo coste con resultados visibles: la fabricación e instalación de más de 300 cajas nido en la zona forestal del paraje, construidas con madera recuperada en la costa. Georreferenciadas y con diseños adaptados a distintas especies, han sido ocupadas por carboneros, herrerillos, abubillas, trepadores y gorriones morunos, entre otros. Es una solución inmediata para masas jóvenes sin oquedades naturales, acompañada de bebederos monitorizados que permiten evaluar la actividad.

El biólogo David Barros presentó la Estación Ambiental de Madrevieja, 20 hectáreas recuperadas desde 2008 en un entorno densamente antropizado. El trabajo ha consistido en limpiar, ordenar el agua, restaurar acebuchal y mantener un mosaico de hábitats —láminas de agua dulce, orillas, praderas, arbolado— que hoy acoge más de 150 especies de aves y una lista de carnívoros detectados por fototrampeo que incluye nutria, tejón, jineta, meloncillo, comadreja y zorro. Entre los invertebrados, Barros citó la presencia de la mariposa Proserpina como especie de interés comunitario.

Madrevieja funciona también como plataforma para proyectos de refuerzo poblacional. Con lechuza común (Tyto alba), el equipo ha establecido parejas en recintos controlados para evitar improntas humanas y ha soltado 67 jóvenes mediante técnicas de “hacking”. Se diferencian por sus anillas rojas de lectura a distancia. Es una intervención discreta sobre una especie muy extendida antaño y hoy menos visible, que contribuye a recuperar su papel como controladora de roedores en mosaicos agrarios y periurbanos.

El segundo proyecto aborda el galápago europeo (Emys orbicularis), especie que ha desaparecido de buena parte del litoral gaditano. Con ejemplares de procedencia local —“gaditanos”, como subrayó Barros—, el centro mantiene crías en semicautividad hasta que su tamaño y dureza de caparazón reducen el riesgo por depredación de cigüeñas y garzas. La instalación crecerá con estanques para juveniles a fin de preparar futuras sueltas en enclaves controlados de la comarca.

La profesora Macarena Castro, del grupo de humedales costeros de la Universidad de Cádiz, centró su intervención en las aves limícolas de litoral, con el chorlitejo patinegro como caso de estudio. Recordó que en los años noventa se estimaban alrededor de 700 parejas en el Parque Natural Bahía de Cádiz; hoy se sitúan en torno a 300. El proyecto POCTEP Iberalex trabaja con ayuntamientos —cartelería, vallados temporales, delimitación de accesos— y ciudadanía —perros atados, evitar dunas, paso de caballos por zonas de marea— para compatibilizar usos de playa y ciclo reproductor de las aves. Son medidas simples, de bajo coste y con efecto medible: al proteger tramos concretos de costa, aumentan el éxito de cría.

La tecnología ha cambiado la escala del seguimiento. Emisores miniaturizados, con arneses que no superan el 5% del peso del ave, han permitido documentar migraciones de chorlitejos gaditanos a Mauritania y Guinea en vuelos de pocos días, así como movimientos locales regulares entre Cádiz, Doñana, Barbate, Sanlúcar y el litoral del Campo de Gibraltar. La conclusión es directa: la gestión de playas, salinas y marismas debe pensarse como una red interconectada. En salinas, Castro citó una medida micro de gran recorrido: parches de conchas en muros de nidificación. Las conchas aportan calcio a las hembras durante la puesta y los experimentos muestran que charrancitos y chorlitejos seleccionan esas zonas en torno al 70% de los casos.

En paralelo, proyectos con la UICN exploran modelos de salinas activas que combinen producción tradicional con actividades compatibles —visitas, investigación, microalgas—, de forma que la infraestructura se conserve y ofrezca hábitat de calidad a la avifauna. El mensaje, compartido con la ponencia de Muñoz, es que las salinas gestionadas pueden integrarse en redes de conservación si su manejo incorpora criterios ecológicos.

Medios de comunicación, divulgación, ciudadanía y costes ambientales

El divulgador y presentador de TVE Jacob Petrus aportó la mirada desde los medios. Tomó como punto de partida un informe reciente que sitúa a España a la cola en “conexión con la naturaleza” frente a otros países, y apeló a combinar datos con narrativas capaces de “tocar la patata” de audiencias saturadas de mensajes. Estructuró su intervención en las tres grandes crisis interrelacionadas —contaminación, pérdida de biodiversidad y cambio climático— y puso ejemplos de cómo se traducen en el día a día: olas de calor marinas con aguas mediterráneas por encima de 28 ºC, noches tropicales y ecuatoriales que dificultan el descanso y elevan la vulnerabilidad sanitaria, y la necesidad de recursos como “refugios climáticos” urbanos. En biodiversidad, defendió que la coexistencia entre producción y conservación es posible —citó el proyecto Olivares Vivos— y que la recuperación del lince ibérico ha sido posible por la suma de ciencia, gestión y una percepción social completamente distinta a la de hace medio siglo. Concluyó con una demanda concreta: conocer y etiquetar el coste ambiental de lo que consumimos para poder decidir en consecuencia.

La administración sitúa la colaboración público-privada en el centro del debate

La clausura institucional correspondió al viceconsejero de Sostenibilidad y Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, Sergio Arjona, que enmarcó el debate local en el tablero europeo e internacional. La discusión sobre objetivos climáticos en la UE, los ajustes presupuestarios que afectan a programas ambientales y el papel de las regiones en la ejecución fueron hilos recurrentes de su intervención.

Arjona defendió que las grandes líneas de política ambiental necesitan el concurso simultáneo de administraciones y sector privado, citó a Fundación Moeve como ejemplo de recursos particulares dirigidos a la restauración de humedales en Huelva y el Campo de Gibraltar y anticipó que los instrumentos de financiación ligados a biodiversidad deberán diversificarse para dar continuidad a los proyectos.

El viceconsejero enlazó mitigación y adaptación y aportó cifras sobre la implantación de renovables en Andalucía en los últimos años, que han traído consigo medidas ambientales obligatorias destinadas a recuperar hábitats y a apoyar especies en declive, como las aves esteparias. La adaptación al cambio climático ocupó un tramo relevante de su discurso, con la traducción a impactos físicos de los escenarios de subida del nivel del mar hacia 2100: desaparición de 33 playas, especialmente en Málaga y Cádiz, una pérdida media de 65 metros de anchura de playa, y afecciones potenciales a centenares de kilómetros de carreteras y vías férreas, además de infraestructuras públicas y privadas situadas en primera línea.

También recordó la existencia de redes autonómicas de vigilancia de la calidad del aire para episodios de ozono y defendió un Pacto de Estado que dé estabilidad a la planificación climática y ambiental más allá de los ciclos políticos, con presencia activa de comunidades autónomas y ayuntamientos, que son quienes operan sobre el terreno. Como referencia de cooperación interadministrativa aludió al marco reciente de acuerdos en torno a Doñana.

Una agenda compartida para la biodiversidad y los humedales del sur peninsular

Las IV Jornadas de Biodiversidad de Fundación Moeve giraron en torno a una idea transversal: la conservación se decide en la gestión diaria, con información científica y con ajustes finos que tengan en cuenta cada ciclo biológico y cada servicio ecosistémico. Lo ilustran ejemplos muy concretos escuchados en San Roque: regular salinidades y niveles en balsas durante la cría de limícolas; coordinar anillamientos y censos con arraigos coloniales de flamenco o espátula; diseñar torres-nido y posaderos para rapaces con corredores de escape frente a depredadores; balizar playas en periodos críticos y ordenar usos recreativos; o dimensionar sueltas de lechuzas y galápagos para que lleguen al campo en el momento adecuado.

En paralelo, la divulgación y la participación pública se mantienen como piezas de la ecuación: desde campamentos escolares sobre águila pescadora en Huelva a cartelería de playas en la costa gaditana, pasando por el propio relato mediático que, como apuntó Petrus, necesita combinar evidencia y empatía para sostener la atención y modificar hábitos.

La Fundación Moeve articula este enfoque en su programa de humedales —Laguna Primera de Palos, Marismas del Odiel, Estación Ambiental de Madrevieja y la Laguna Huerta de las Pilas— y en proyectos de restauración y sensibilización asociados. La entidad anticipó que seguirá promoviendo foros y colaboraciones con universidades, ayuntamientos, gestores de espacios naturales y empresas, con el foco puesto en los humedales del sur peninsular y su papel en la migración de aves a través del Estrecho de Gibraltar.

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