Un equipo internacional de científicos liderado por la Universidad del Algarve (Portugal), con participación de la Estación Biológica de Doñana del CSIC, ha evidenciado la limitada cobertura de las Áreas Marinas Protegidas (AMP) ante el crecimiento sostenido del tráfico marítimo global, que supone una amenaza directa para numerosas especies marinas. El trabajo, publicado en la revista Biological Conservation, destaca la necesidad urgente de establecer medidas más eficaces de planificación y conservación para reducir el impacto ambiental del transporte por mar.
La investigación analiza a escala global la relación entre la intensidad del tráfico marítimo y la distribución de la biodiversidad, y propone una clasificación de las zonas marinas en función de esta interacción. Los resultados muestran que muchas áreas con alta diversidad de especies coinciden con rutas navales de elevada actividad, sin contar con medidas de protección adecuadas.
El tráfico marítimo es responsable del transporte de cerca del 90% del comercio internacional, con un papel central en la economía mundial. No obstante, su efecto sobre la fauna marina, especialmente sobre grandes vertebrados como cetáceos, tortugas, focas, leones marinos y aves marinas, es considerado severo por los autores. Entre los impactos se incluyen colisiones, contaminación acústica, introducción de especies invasoras y alteraciones en el comportamiento de los animales.
Para cuantificar estos efectos, los investigadores definieron tres categorías: las Áreas Prioritarias de Mitigación (alta biodiversidad y tráfico elevado), las Áreas Prioritarias de Preservación (alta biodiversidad y tráfico escaso) y zonas sin tráfico marítimo. Estas últimas se localizan mayoritariamente en regiones polares y océanos remotos, mientras que las de mitigación se concentran en zonas costeras del Pacífico central, el sur del océano Índico y el Atlántico sur. Las áreas de preservación, por su parte, se ubican en latitudes australes con menor presencia humana.
Los resultados muestran que únicamente el 16% de las Áreas Prioritarias de Mitigación se encuentran bajo alguna forma de protección legal, porcentaje similar en las zonas de preservación (15%) y algo inferior en aquellas sin tráfico (12%). Las cifras se reducen aún más si se considera únicamente la protección estricta, es decir, donde están prohibidas actividades extractivas como la pesca: 5,6% en áreas de mitigación, 9,5% en preservación y 6,8% en zonas sin tráfico.
“Estos datos evidencian importantes vacíos en la protección de la biodiversidad marina y ponen de relieve la necesidad de reforzar las medidas de conservación y planificación del tráfico marítimo a escala global”, señala Marcello D’Amico, investigador de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC).
El estudio propone que los resultados obtenidos sirvan como base científica para orientar nuevas políticas que permitan compatibilizar el desarrollo del transporte marítimo con la conservación marina. En este sentido, se destaca la importancia de avanzar hacia el cumplimiento del llamado Objetivo 30×30, impulsado a nivel internacional, que busca proteger al menos el 30% de los océanos del planeta para el año 2030.
Entre las recomendaciones del equipo investigador se encuentra la necesidad de identificar formalmente las zonas con escasa o nula actividad marítima y alta biodiversidad, y priorizar su inclusión en la red de Áreas Marinas Protegidas. Para las regiones donde la biodiversidad coexiste con tráfico intenso, se plantean medidas específicas como la reducción de velocidad de los buques —que puede disminuir tanto el riesgo de colisión como el ruido submarino— y la reconfiguración de rutas marítimas para evitar zonas sensibles.
El enfoque del estudio se apoya en conceptos desarrollados originalmente en ecología terrestre, ahora adaptados al medio marino, considerando el tráfico marítimo como una infraestructura con efectos ambientales comparables a los de las infraestructuras terrestres.
“Queremos destacar el valor de este trabajo como ejemplo de cómo los marcos conceptuales desarrollados en ecología terrestre pueden aplicarse con éxito al medio marino”, añade D’Amico. “Esta integración entre disciplinas permite abordar de forma más completa los impactos del transporte sobre la biodiversidad, independientemente del entorno en que se produzcan”.
En la investigación han colaborado también el Centro de Ciencias Marinas del Algarve, la Nord University (Noruega), la Universidad de Évora y la Universidad de Lisboa, consolidando una red científica internacional orientada a mejorar la planificación ambiental de los océanos a través del uso de datos globales abiertos y herramientas de análisis espacial.

