domingo, 1 de marzo de 2026
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La fusión Hapag-Lloyd/ZIM tropieza con dudas sobre su conformidad legal y una filtración de la oferta de Maersk

La operación de fusión por la que Hapag-Lloyd, quinto operador mundial de contenedores, adquiriría la naviera israelí ZIM, décima del ranking global, por 4.200 millones de dólares, se enfrenta a sus primeros.

Redacción··Mercancías·3 minImprimir
La fusión Hapag-Lloyd/ZIM tropieza con dudas sobre su conformidad legal y una filtración de la oferta de Maersk

La operación de fusión por la que Hapag-Lloyd, quinto operador mundial de contenedores, adquiriría la naviera israelí ZIM, décima del ranking global, por 4.200 millones de dólares, se enfrenta a sus primeros obstáculos significativos apenas unos días después de la firma formal del acuerdo, anunciada el 16 de febrero. Según varios medios israelíes, un documento de posición interno de la Autoridad de Empresas Públicas de Israel, el organismo gubernamental encargado de supervisar las compañías participadas por el Estado en sectores considerados estratégicos —transporte, defensa, energía—, señala que la operación «podría no ser compatible con las exigencias legales actuales». El documento, no obstante, no ha sido publicado en ningún sitio oficial para consulta pública.

La transacción requiere todavía la aprobación de los accionistas, de las autoridades de competencia y del Gobierno israelí, en particular por la existencia de la denominada golden share que el Estado de Israel mantiene en ZIM. Esta participación especial confiere al Gobierno un derecho de veto sobre cualquier operación que afecte a un 24% o más de las acciones de la naviera.

Para sortear esta restricción, ambas empresas han diseñado un mecanismo que consiste en transferir dicha participación al fondo de inversión israelí FIMI, que pasaría a controlar una parte de la flota, compuesta en su mayor parte por buques actualmente en propiedad de ZIM: una docena de los quince que la naviera posee, a los que se sumarían cuatro unidades fletadas. Estos activos se integrarían en una nueva sociedad creada específicamente para la operación, controlada por FIMI y denominada «New ZIM». El resto de la flota, formada mayoritariamente por 98 buques operados bajo contratos de fletamento, quedaría incorporada a la red de Hapag-Lloyd. Entre las condiciones vinculadas a la golden share, ZIM debe conservar su carácter israelí, mantener su sede social en Haifa y reservar los puestos directivos clave a profesionales de nacionalidad israelí.

Los problemas para la naviera alemana no se limitan al frente regulatorio. Un llamamiento a huelga general fue convocado inmediatamente después del anuncio del acuerdo. Las organizaciones sindicales han planteado, entre otras cuestiones, interrogantes sobre la estructura accionarial de Hapag-Lloyd, en cuyo consejo figuran el fondo soberano catarí Qatar Holding Germany, con un 12,3% del capital, y el fondo de inversión público de Arabia Saudí, con un 10,2%, una composición que podría generar reticencias por parte del Estado israelí.

ZIM cuenta con unos 800 empleados cubiertos por convenios colectivos, 100 con contratos individuales y otros 300 con contratos de duración determinada. Hapag-Lloyd ha precisado que no habrá despidos masivos y que los puestos directivos contarán con condiciones garantizadas durante un período determinado, que serían negociadas «de buena fe» con los representantes sindicales.

En paralelo, una filtración de información confidencial ha añadido una capa adicional de complejidad al proceso. El presidente del consejo de administración de ZIM, Yair Saroussi, proporcionó al medio financiero israelí Calcalist —el mismo que destapó la operación desde su origen— datos sensibles y en principio reservados sobre las ofertas presentadas por los candidatos a la adquisición. Según sus declaraciones, se presentaron tres ofertas: Hapag-Lloyd ofreció 32 dólares por acción, Maersk pujó con 29 dólares y una tercera propuesta, formulada por el actual consejero delegado de ZIM, Eli Glickman, en asociación con Rami Ungar (Ray Shipping), fue descartada de inmediato al situarse en 20 dólares por acción. Maersk elevó posteriormente su oferta hasta 30 dólares, mientras que Hapag-Lloyd subió hasta los 35 dólares definitivos.

Saroussi, que abandonará su cargo según lo previsto, también reveló una conversación telefónica con Vincent Clerc, consejero delegado de Maersk, en la que el directivo danés habría declinado aumentar el precio de su oferta alegando las perspectivas inciertas para el sector del transporte marítimo. Maersk no ha realizado comentarios públicos sobre estas revelaciones, pero podría emprender acciones legales por violación de las cláusulas de confidencialidad.

Con su oferta de 35 dólares por acción de la compañía, cotizada en el NYSE desde principios de 2021, Hapag-Lloyd ha pagado una prima del 58% sobre el precio del título antes de que se conociera la transacción. La operación, de consumarse, consolidará la posición de la naviera alemana en el mercado global de contenedores, pero el camino hasta su cierre definitivo se presenta plagado de obstáculos regulatorios, laborales y de gobernanza que deberán ser resueltos en múltiples jurisdicciones.

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